Hoy por fin he podido vivir en primera persona las movilizaciones conocidas como "15M" en la ciudad en que nací, Madrid. Desde que me marché a Italia, en agosto de 2008 nunca había tenido tantas ganas de volver a Madrid como en los días que siguieron al 15 de mayo de 2011. Entendí que algo grande e importante estaba sucediendo en las calles de esta ciudad que siempre me ha producido más rechazo que aprecio y me sentí desafortunado por no poder escribir su historia estando, como estaba, a miles de kilómetros. Puse mi granito de arena en las movilizaciones de solidarización en Italia, pero se me quedó la espinita de no haber estado en Sol en lo que pensaba (y pienso todavía) que era el principio de algo que trascenderá lo que suceda en estos meses. Hoy me he quitado esa espinita.
Ayer se produjo el desalojo de lo que quedaba del campamento que se había organizado en la Puerta del Sol desde el 15M. Lo que más indignación me ha producido (más que el desalojo de las pocas estructuras que quedaban en Sol) es lo que ha venido después: el control policial de acceso a una plaza pública basado en la sencilla apariencia de las personas; ancianos y gente con poca pinta de protestar pasaban, mientras que a los jóvenes les venía denegado el acceso a la plaza. Todo esto con la connivencia y participación del Metro de Madrid, que, sin ningún tipo de explicación a sus viajeros, ha suprimido la parada de Sol de todas las líneas de Metro y Cercanías que pasan por ella. Cuando digo "sin explicación" es literalmente eso, el mensaje que se oía por megafonía y que se leía en los letreros era: "Se informa que hoy, a partir de las 18, las líneas de metro que circulan por la estación de Sol, no realizarán parada en dicha estación". Este no es el mensaje literal, pero en ningún caso se aludía al motivo, ni siquiera un genérico "por motivos de seguridad" o "por manifestación". Nada. Cuando un organismo como Metro de Madrid hace las cosas sin motivo, algo huele bastante mal. Antes al menos se molestaban en mentirnos, ahora ni eso.
Así que me he ido con mi indignación a cuestas hasta Atocha, donde empezaba la manifestación-concentración-barullo. Al principio he de reconocer que me he sentido profundamente desilusionado. Allí eramos cuatro gatos, y de los cuatro, tres eran prototipo de persona "de izquierda de toda la vida", mucha rasta, mucho heavy-punk-hippie, etc... Hemos dado la vuelta a la plaza y después hemos empezado a subir por el Paseo del Prado. Desconozco absolutamente el porqué del recorrido, si ha sido la propia policía la que nos ha ido marcando el camino para poder rehabilitar el tráfico en las zonas afectadas o si había algún tipo de recorrido pactado o preestablecido. El caso es que subiendo por el Paseo del Prado la manifestación ha empezado a engordar en número de personas y en tipos, he empezado a ver mucha más "mediana edad" de esa que había visto en las fotos de las manifestaciones de mayo. Obviamente el grueso del grupo es y será de edad relativamente joven por un motivo puramente generacional, pero precisamente por eso tiene un valor añadido la presencia de personas de tan diferentes edades y proveniencias. Es más, en este grupo de personas he visto un par de rostros de esos que impresionan, serios, gente que grita poco pero cuya mirada es crisis en estado puro; hay gente a la que se le ve en la cara la cantidad de cosas que ha perdido. Para ellos el aspecto casi lúdico que tiene en algunos momentos la manifestación tiene que ser casi ofensivo, pero no lo demuestran, siguen allí, con su mirada herida y su orgullo intacto. Ellos son las caras de la crisis, nosotros, los más jóvenes, su voz.
Del Prado hemos llegado a Neptuno y a la carrera de San Jerónimo, donde nos esperaba un buen contingente de policía bloqueando el acceso a la calle que lleva al Congreso. No deja de ser curioso que corten toda una calle para evitar el acceso a un edificio; es obvio que un edificio no se puede defender sólo en la puerta, pero la línea policial estaba mucho más cerca de Neptuno que del Congreso; cada uno que piense lo que quiera sobre esto. Aquí ha habido algún mínimo momento de tensión por los cánticos, pero al final no ha pasado nada. Muy gracioso el que decía "Estos son los hombres de Paco", muy oportuno el de "Tú que estás mirando, también te están robando", inoportuno y absurdo (y fugaz) el que les llamaba "terroristas". En este momento, y viendo que la manifestación había cogido mucha más fuerza desde el titubeante principio de Atocha, se ha abandonado la carrera de San Jéronimo dirección Sol no sin antes despedirnos con la mano de los policías.
Desde aquí hemos continuado sin parar hasta Cibeles, hemos subido Alcalá, pasado a Gran Vía, llegado hasta Callao y bajado hasta Preciados, donde estaba de nuevo cortado el acceso a Sol. No es la primera manifestación en la que atravieso Gran Vía caminando, pero no deja de ser cautivadora la sensación de "sendero" que da esta calle cuando se camina por el medio y no por las aceras; al fin y al cabo, la Gran Vía es una calle de una ciudad y sirve para que la gente vaya de un lado a otro a través de ella, pero al estar siempre llena de coches está tan desnaturalizada que parece más una autopista o una carretera de circunvalación que una de las calles con más historia de España.
En Preciados el ambiente era extremadamente festivo y prueba de ello son el montón de globos de colores que en un determinado momento han sobrevolado nuestras cabezas mientras los empujábamos, o la tienda de campaña ya abierta que ha ido de punta a punta por la calle llevada en volandas por la gente como si fuera el cantante de algún grupo. Como estaréis hartos de escuchar siempre las mismas cosas del 15M, añado dos de las que probablemente hablará poca gente. La primera, un episodio donde todos han hecho lo que sus personajes requerían. Una heavy de unos sesenta años ha intentado entrar en El Corte Inglés (sí, esa tienda privada que tiene una boca de Metro pública en su interior) cuando estos ya estaban cerrando, imagino que más por desafío que por ninguna necesidad concreta; un trabajador de la tienda (ni vendedor, ni guardia de seguridad, así que alguien con algún tipo de responsabilidad) le ha negado el acceso de muy malos modos, lo que ha provocado la ira de un amigo de la heavy, que ha insultado y provocado al señor de El Corte Inglés. Por fortuna no ha pasado nada, sobre todo porque enseguida han salido dos peronas a tratar de tranquilizar a este tipo amigo de la heavy. La segunda cosa que quería contar y que me ha enfadado bastante ha sido la presencia "activa" de anarquistas en el grupo. Estos han cantado las consignas variándolas para sus propios propósitos: en vez de "esta es su democracia", decían "esta es la democracia" y en vez de "el pueblo unido jamás será vencido" "el pueblo unido no neceista partidos". La verdad sea dicha, no serían más de ocho chavales que no llegaban a los veinte y no han tenido ningún tipo de seguimiento. De todas maneras, para mí los anarquistas no son 15M:el 15M no es apolítico, todo lo contrario, así que la gente que propugna la abolición del Estado no tiene una cabida real en todo esto.
Dejo para el final mi última valoración. El 15M es un movimiento de esperanza, optimista, alegre. Lo he sentido en el momento en el que, tras llegar a Preciados, los cánticos se han visto interrumpido por un grande aplauso. ¿Aplauso a quién? Sinceramente, a nosotros mismos, por haber creado un nuevo modo de manifestarse, lejano de toda violencia, espontáneo, y sobre todo por volver a ser, un día más, el centro de atención de millones de personas en el mundo. La gran diferencia de estas manifestaciones con las otras a las que he acudido es que a las otras iba siempre como perdedor: se protestaba por algo que había sucedido (11M), por algo que estaba sucediendo y que no sería interrumpido (Guerra de Irak) o por alguna ley que inexorablemente sería aprobada (LOE). Esta vez no, esta vez nos sabemos ganadores, sabemos que tenemos la razón, salimos a la calle habiendo vencido el letargo y la ignorancia en la que bancos y mercados nos querían sumir; y nos damos cuenta de que no estamos solos, hay mucha gente que también ha salido de ese letargo y nos llena de alegría saber que poco a poco sacaremos a la calle a los que aún quedan aún en casa. El futuro es nuestro, es sólo cuestión de tiempo que lo recuperemos.
Publicado en Facebook el 4 de agosto de 2011
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